viernes, 24 de junio de 2011

No es que muera de amor...

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que soy yo sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ése
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que me faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y en los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano y tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos, en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.



Jaime Sabines.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los caminos eran infinitos... no tenía idea de cuál tomar...